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Andre Willians – Silk (1998)

Posted in 1998, Andre Willians, Blues, Boogie, EEUU, Funk, Garage, Punk, R&B, Raw, Rock, Rockabilly with tags , , , , , , , , , on 26 enero 2014 by wirtis

ANDRE WILLIAMS: el Bukowski negro

silky2Podría haber conocido a ANDRE WILLIAMS en alguno de esos bares donde el moho convive con la cerveza berreta y prostitutas más borrachas que uno. Quizá en una mesa bien alejada hubiese levantado un vaso, escupiendo su vino, el extra-ordinario Bukowski. Pero Charles ya lleva varios años en otra dimensión: de hecho siempre vivió en otra. Por eso, una noche, en un bar virtual con cerveza berreta real pero prostitutas también virtuales, conocí al viejo Williams. Me contó de su niñez en Alabama, junto a su madre en una vivienda sin terminar. Corta infancia que tuvo su fin a los 6 años, con la muerte de mamá y la adopción de sus tías hasta el mismo día que cumplió 16 y se fue en soledad a Michigan.

Inmediatamente se metió en el mundo más oscuro de la música. Llegó a Fortune Records tras conocer a sus dueños errantes y empezó a tratar de cantar en esos ocultos estudios, al fondo de la peluquería. Sí, sesionó para algunas bandas como los 5 DOLLARS. Cotización ideal para sus dotes de cantante. Pero su desenfado seguía seduciendo a la Fortune. Probaron cambiando el nombre: Andre Williams and the Don Juans, o simplemente Andre ‘Mr Rhythm’ Williams and his New Group. Paradójicamente, “Mr. Rhythm” no daba con el tempo. Entonces intentó algo más o menos novedoso: escupir los versos como su negra garganta los fuera vomitando. Lo divertía la idea de “cantar”, contra todas las limitaciones con que la vida, el mundo y la naturaleza lo habían recibido. Hasta que la Epic Records se interesó en su estilo y le compró una canción a la Fortune. “Habrá sido 1957”, me contaba Andre con su áspera vocecita apaleada por años vehementes, tragos infames, noches heladas, colillas del piso y besos multienfermos. Unos años después, sus amigos de la Fortune invirtieron las regalías y editaron una especie de “Grandes Exitos” de THE DON JUANS. Y con un cuarto de siglo ya sufrido, los gritos de Andre Williams empezaron a hacerse oír. Blues, R&B, big bop, soul… alma negra después de todo, pero con ingredientes que aún no se inventaban.

El estilo sedujo a la bendita Motown, le produjeron el simple “Rosa Lee” y conoció a artistas del sello que opacaban su capacidad interpretativa. Entonces se dedicó a escribir canciones, y a producir a estos artistas. Y le escribió a STEVIE WONDER, a los FIVE-DU TONES, a IKE & TINA TURNER. El nombre Andre y el apellido Williams empezaron a pesar en el soul y en el funk, pero lo de él, lo suyo, seguía siendo algo que no se conocía, que no se encasillaba y que recién años después se pudo definir más o menos como “blues punk”. Siguió escribiendo, produciendo, y hasta se animó a ser manager. ALVIN CASH, THE CONTOURS, EDWIN STARR, confiaron su éxito en el carismático estilo reventado de Andre. Se paseó por otros sellos, se dio el lujo, al fin un lujo, de grabar algunas canciones suyas, porque después de todo eran suyas, que hoy resultan memorables e imprescindibles. Tanto trascendió su olfato para el manejo oportuno en ambientes turbios, que hasta el mismísimo GEORGE CLINTON  le pidió canciones para los PARLIAMENT y los FUNKADELIC, sus épicas bandas que sentaron las bases del funk posmoderno. Entonces, el viejo “Sr. Ritmo” empezaba a cobrar vida verdadera: ahora sí respondía a su inocente apodo. Pero lo de Williams iba más allá de cualquier estilo musical que inventara, interpretara o ayudara a crear sin saberlo.

andre-williams-print-jacket_390 Ya se terminaban los 70 y la idea de seguir ensuciándose las manos con la industria de la música le parecía menos atractiva que la de ensuciarse las manos con la calle, con crack, con alcohol sin etiqueta y dinero mendigado, durmiendo bajo algún puente con mujeres desconocidas cuyas almas valían más que sus cuerpos y esas miserables monedas, pues tenían la suficiente pureza para lavar sus manos con la saliva del desinterés y contener su alma con el cariño de la entrega absoluta. Su cuerpo no importaba, era la única cosa material con la cual estar vivo era tangible.

Década y media en la indigencia y la inmoralidad podría destruir, precisamente, la moral a cualquiera. Pero en  1996 Andre se reencontró con viejos conocidos de ruta y se propuso grabar un disco. Y lo hizo, sí, con nuevas versiones de viejas canciones. Ni el público ni él se sintieron satisfechos. Es más: él ni siquiera se sentía atraído por “Mr. Rhythm”. Ni el disco ni él le gustaban. Entonces comprendió que volver a sus raíces no era volver a sus años de juventud, a lo que hizo o lo que podría haber hecho. Comprendió que volver a sus raíces era permanecer fiel a sí mismo: inventar, innovar, generar, gritar, alarmar, corroer, destruir, construir. Se armó una banda genial y sacó un discazo: “Silky”. Sedoso y provocativo desde la portada hasta el último surco. Un strip-tease violentísimo y por eso irresistible de su propia alma y de la de cada una de sus mujeres y sus anécdotas. El disco más indecente de la historia. El que todavía enfada a los críticos por no encontrarle un rótulo. ¿Y qué es un crítico sin poder etiquetar? La nada misma, como el propio Andre Williams pero sin saber perder.

A partir de allí siguió rodeado de bandas emblemáticas del ruido, la desprolijidad precisa y la sordidez. THE SADIES, THE DIRTBOMBS, THE DIPLOMATS OF SOLID SOUND, GREEN HORNET, MARSHALL BROS, THE NEW ORLEANS HELLHOUNDS y hasta JON SPENCER. Bandas de garage “de ahora”, digamos, con el Andre Williams “de siempre”, pero actualizado. Tanto que, gracias a su disco de 2000, se reinventó con un nuevo mote: “El Padrino Negro”.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMi amigo Andre está por cumplir 75 años, ahora en noviembre. Su último disco, “That’s All I Need”, no ha cumplido ni 1. Y lo sigue reflejando molesto, gracioso, aburrido, divertido, violento, suave, callejero, de salón. Intenso como Nick Cave, siniestro como Tom Waits, ruidoso como Sonic Youth, delirante como los dos Screamin’ (Jay Hawkins y Lord Sutch), engañoso y destructor como los Pixies, seductor como nadie y violador como ninguno.

Combinando mágica y perfectamente la energía de la juventud con la energía de SU juventud. Que es de otra dimensión, como la de Bukowski esa noche en ese bar. Que después de escupir su vino se rascó el sobaco y se fue con la prostituta más fea del lugar, manoseándola con descaro por el sendero de los perdedores. Si hubiese estado en esa mesa alejada, si hubiese vivido en esta dimensión.

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